Carlo Ancelotti el gestor… y que parezca un insulto

En la historia reciente del Real Madrid los hombres que han pasado por su banquillo se han clasificado en dos categorías: entrenadores o gestores de vestuario. Una cosa u otra, nunca ambas. Cosas de la polarización, que nos coloca en un bando u otro y construye un muro infranqueable, vigilado por las redes.

El entrenador es el elegido, la pizarra su biblia y se le reconoce por su forma de actuar, al frente del escenario, él y solo él, y por las frases que los plumillas diseñamos para él: ‘Se nota que el equipo está trabajado’, ‘lleva la firma del entrenador’ y bla bla. Gloria para el entrenador, las victorias llevan su apellido y su látigo muescas mil.

El gestor de vestuario, pronunciado como falso halago, es un tipo que pasaba por allí y llega al banquillo casi de carambola. Es una persona corriente, que amansa las aguas y calma los vientos que el entrenador dejó a su paso. Si su equipo gana, es cuestión de suerte o puro sentido común: como va a perder un equipo con esos jugadores. Acabáramos.

El paradigma del entrenador del Real Madrid es José Mourinho. Un trienio (2010-2013) y tres títulos (Liga, Copa y Supercopa de España) quedaron como legado deportivo. Su herencia más allá del campo… una fractura de la grada nunca soldada y el quizás mejor portero de la historia del club reducido a dos atributos: «chivato» y «vago».

Frente al gran entrenador, modelo por el que siempre suspiró Florentino Pérez (a punto estuvo de volver el portugués y solo Sergio Ramos frenó a Conte), están los gestores de vestuario. El primero, Vicente del Bosque: apenas entrenaba al equipo, era vago y sus métodos antiguos, decían en la sala noble del Bernabéu. Lo despidieron por la puerta de atrás en 2003, tres años y siete títulos después: dos Ligas de Campeones, una Copa Intercontinental, una Supercopa de Europa, dos Ligas y una Supercopa de España. Después, se fue a la selección española… y tal.

Y llegamos a Carlo Ancelotti, que navega ya por su segundo ciclo, iniciado este de la manera más sorprendente: una llamada desde el Everton para intentar pescar jugadores en el Bernabéu y, tras colgar el teléfono, la pesca era él.

Su trabajo en la empresa el sueño de cualquier director de Recursos Humanos: plantilla motivada al 100%, rentabilidad máxima y beneficios disparados: 13 títulos (3 Champions League en el Madrid, 2 Mundiales de Clubes, 2 Supercopas de Europa, 2 Ligas, 2 Copas del Rey y 2 Supercopas de España). Con el gestor de vestuarios al frente, su equipo logró en los últimos años tumbar al gran City de Guardiola -chiripa-, al Bayern de Tuchel -el árbitro- o al PSG -la mística y esas cosas-. Y este sábado, la decimoquinta.

Y hoy, o mañana, algún compañero o presidente de equipo seguirá pensando en voz alta que es lógico ganar con estos jugadores y que Ancelotti siempre será un gran gestor de vestuarios, y ya. Y Ancelotti subirá una ceja, y callará, pues ya hay demasiado ruido en el Bernabéu. Seguirá a lo suyo. A entrenar.

Carlo Ancelotti el gestor… y que parezca un insulto

En la historia reciente del Real Madrid los hombres que han pasado por su banquillo se han clasificado en dos categorías: entrenadores o gestores de vestuario. Una cosa u otra, nunca ambas. Cosas de la polarización, que nos coloca en un bando u otro y construye un muro infranqueable, vigilado por las redes.

El entrenador es el elegido, la pizarra su biblia y se le reconoce por su forma de actuar, al frente del escenario, él y solo él, y por las frases que los plumillas diseñamos para él: 'Se nota que el equipo está trabajado', 'lleva la firma del entrenador' y bla bla. Gloria para el entrenador, las victorias llevan su apellido y su látigo muescas mil.

El gestor de vestuario, pronunciado como falso halago, es un tipo que pasaba por allí y llega al banquillo casi de carambola. Es una persona corriente, que amansa las aguas y calma los vientos que el entrenador dejó a su paso. Si su equipo gana, es cuestión de suerte o puro sentido común: como va a perder un equipo con esos jugadores. Acabáramos.

El paradigma del entrenador del Real Madrid es José Mourinho. Un trienio (2010-2013) y tres títulos (Liga, Copa y Supercopa de España) quedaron como legado deportivo. Su herencia más allá del campo... una fractura de la grada nunca soldada y el quizás mejor portero de la historia del club reducido a dos atributos: "chivato" y "vago".

Frente al gran entrenador, modelo por el que siempre suspiró Florentino Pérez (a punto estuvo de volver el portugués y solo Sergio Ramos frenó a Conte), están los gestores de vestuario. El primero, Vicente del Bosque: apenas entrenaba al equipo, era vago y sus métodos antiguos, decían en la sala noble del Bernabéu. Lo despidieron por la puerta de atrás en 2003, tres años y siete títulos después: dos Ligas de Campeones, una Copa Intercontinental, una Supercopa de Europa, dos Ligas y una Supercopa de España. Después, se fue a la selección española... y tal.

Y llegamos a Carlo Ancelotti, que navega ya por su segundo ciclo, iniciado este de la manera más sorprendente: una llamada desde el Everton para intentar pescar jugadores en el Bernabéu y, tras colgar el teléfono, la pesca era él.

Su trabajo en la empresa el sueño de cualquier director de Recursos Humanos: plantilla motivada al 100%, rentabilidad máxima y beneficios disparados: 13 títulos (3 Champions League en el Madrid, 2 Mundiales de Clubes, 2 Supercopas de Europa, 2 Ligas, 2 Copas del Rey y 2 Supercopas de España). Con el gestor de vestuarios al frente, su equipo logró en los últimos años tumbar al gran City de Guardiola -chiripa-, al Bayern de Tuchel -el árbitro- o al PSG -la mística y esas cosas-. Y este sábado, la decimoquinta.

Y hoy, o mañana, algún compañero o presidente de equipo seguirá pensando en voz alta que es lógico ganar con estos jugadores y que Ancelotti siempre será un gran gestor de vestuarios, y ya. Y Ancelotti subirá una ceja, y callará, pues ya hay demasiado ruido en el Bernabéu. Seguirá a lo suyo. A entrenar.

En la historia reciente del Real Madrid los hombres que han pasado por su banquillo se han clasificado en dos categorías: entrenadores o gestores de vestuario. Una cosa u otra, nunca ambas. Cosas de la polarización, que nos coloca en un bando u otro y construye un muro infranqueable, vigilado por las redes.

El entrenador es el elegido, la pizarra su biblia y se le reconoce por su forma de actuar, al frente del escenario, él y solo él, y por las frases que los plumillas diseñamos para él: ‘Se nota que el equipo está trabajado’, ‘lleva la firma del entrenador’ y bla bla. Gloria para el entrenador, las victorias llevan su apellido y su látigo muescas mil.

El gestor de vestuario, pronunciado como falso halago, es un tipo que pasaba por allí y llega al banquillo casi de carambola. Es una persona corriente, que amansa las aguas y calma los vientos que el entrenador dejó a su paso. Si su equipo gana, es cuestión de suerte o puro sentido común: como va a perder un equipo con esos jugadores. Acabáramos.

El paradigma del entrenador del Real Madrid es José Mourinho. Un trienio (2010-2013) y tres títulos (Liga, Copa y Supercopa de España) quedaron como legado deportivo. Su herencia más allá del campo… una fractura de la grada nunca soldada y el quizás mejor portero de la historia del club reducido a dos atributos: «chivato» y «vago».

Frente al gran entrenador, modelo por el que siempre suspiró Florentino Pérez (a punto estuvo de volver el portugués y solo Sergio Ramos frenó a Conte), están los gestores de vestuario. El primero, Vicente del Bosque: apenas entrenaba al equipo, era vago y sus métodos antiguos, decían en la sala noble del Bernabéu. Lo despidieron por la puerta de atrás en 2003, tres años y siete títulos después: dos Ligas de Campeones, una Copa Intercontinental, una Supercopa de Europa, dos Ligas y una Supercopa de España. Después, se fue a la selección española… y tal.

Y llegamos a Carlo Ancelotti, que navega ya por su segundo ciclo, iniciado este de la manera más sorprendente: una llamada desde el Everton para intentar pescar jugadores en el Bernabéu y, tras colgar el teléfono, la pesca era él.

Su trabajo en la empresa el sueño de cualquier director de Recursos Humanos: plantilla motivada al 100%, rentabilidad máxima y beneficios disparados: 13 títulos (3 Champions League en el Madrid, 2 Mundiales de Clubes, 2 Supercopas de Europa, 2 Ligas, 2 Copas del Rey y 2 Supercopas de España). Con el gestor de vestuarios al frente, su equipo logró en los últimos años tumbar al gran City de Guardiola -chiripa-, al Bayern de Tuchel -el árbitro- o al PSG -la mística y esas cosas-. Y este sábado, la decimoquinta.

Y hoy, o mañana, algún compañero o presidente de equipo seguirá pensando en voz alta que es lógico ganar con estos jugadores y que Ancelotti siempre será un gran gestor de vestuarios, y ya. Y Ancelotti subirá una ceja, y callará, pues ya hay demasiado ruido en el Bernabéu. Seguirá a lo suyo. A entrenar.