El Real Madrid asesta el segundo golpe al Barça en las semifinales de la Liga Endesa

Nadie en el Real Madrid se acuerda ya de la durísima derrota en la final de la Euroliga. Lo confirmó el conjunto blanco al asestar al Barça (104-98) el segundo golpe en las semifinales de la Liga Endesa, otra vez con un Llull decisivo, para llegar al Palau a una victoria de la final.

El equilibrio sostenido durante toda la primera parte comenzó a barruntarse desde el arranque. Empezó mejor el cuadro visitante pero enseguida le cazó el de casa, que con un 9-0 de parcial logró cinco puntos de renta, la mayor durante los 20 minutos iniciales.

Le duró poco porque Jan Vesely aportó mucho tras salir desde el banquillo. El checo sacó a relucir sus virtudes dentro de un contexto que le beneficiaba, pues el conjunto azulgrana decidió que sus opciones pasaban por las canastas en las inmediaciones del aro y por el poco uso del juego exterior.

Tanto fue así que renunciaron a tirar triples en el segundo acto después de anotar solo uno de dos en el de salida. Mientras, en los de blanco estaba todavía por ver a quién le iba a tocar brillar individualmente en esta ocasión. Y ese rol lo asumió Sergio Llull, que ya había dejado destellos en el anterior partido durante un tramo del último cuarto en el que hizo cuatro triples sin fallo.

Esta vez entró en trance en el segundo acto, cuando insistió en castigar al contrario hasta acumular 13 puntos, con 3 de 5 en tiros de dos y 2 de 4 en lanzamientos exteriores, más un libre. Sin embargo, si en el duelo que abría la serie su aportación sirvió para decantarlo, en esta ocasión fue útil para mandar a los suyos con buenas sensaciones al descanso (44-40, m.20).

Y esa confianza lograron mantenerla en la vuelta al parqué, cuando dieron los primeros síntomas de que el enfrentamiento iba a quebrarse a su favor. Jabari Parker, con un triple, abrió el fuego, pero la respuesta fue un 8-0 obra de los ‘brates’, Mario Hezonja y Dzanan Musa.

Se mantuvo afinado este último, inmisericorde en la línea de tiros libres, mientras Vesely era el único que sostenía a un Barça que languidecía hasta que un 0-7 acercó de nuevo a los de Roger Grimau. No perdió la compostura el Real Madrid, que acabó yéndose 11 arriba a la media hora porque Llull así lo decidió con una de sus ‘mandarinas’ kilométricas sobre la bocina (73-62, m.30).

En esos márgenes se movió el amanecer del cuarto decisivo hasta que dos aciertos lejanos de Rudy Fernández, cuyo nombre fue coreado a pleno pulmón por los aficionados, y de Guerschon Yabusele, abrieron más la brecha. Álex Abrines y Nico Laprovittola respondieron acto seguido con la misma moneda y contrarrestaron el golpe (90-79, min.25).

Aún así, nada se alteró. Unos y otros continuaron intercambiando puntos y el paso de los minutos terminó por llevar al Real Madrid hacia una victoria tranquilizadora, que le permite irse con los deberes hechos del WiZink Center para intentar sellar el pase a la final en alguna de las dos siguientes batallas en Barcelona.

El Real Madrid asesta el segundo golpe al Barça en las semifinales de la Liga Endesa

Nadie en el Real Madrid se acuerda ya de la durísima derrota en la final de la Euroliga. Lo confirmó el conjunto blanco al asestar al Barça (104-98) el segundo golpe en las semifinales de la Liga Endesa, otra vez con un Llull decisivo, para llegar al Palau a una victoria de la final.

El equilibrio sostenido durante toda la primera parte comenzó a barruntarse desde el arranque. Empezó mejor el cuadro visitante pero enseguida le cazó el de casa, que con un 9-0 de parcial logró cinco puntos de renta, la mayor durante los 20 minutos iniciales.

Le duró poco porque Jan Vesely aportó mucho tras salir desde el banquillo. El checo sacó a relucir sus virtudes dentro de un contexto que le beneficiaba, pues el conjunto azulgrana decidió que sus opciones pasaban por las canastas en las inmediaciones del aro y por el poco uso del juego exterior.

Tanto fue así que renunciaron a tirar triples en el segundo acto después de anotar solo uno de dos en el de salida. Mientras, en los de blanco estaba todavía por ver a quién le iba a tocar brillar individualmente en esta ocasión. Y ese rol lo asumió Sergio Llull, que ya había dejado destellos en el anterior partido durante un tramo del último cuarto en el que hizo cuatro triples sin fallo.

Esta vez entró en trance en el segundo acto, cuando insistió en castigar al contrario hasta acumular 13 puntos, con 3 de 5 en tiros de dos y 2 de 4 en lanzamientos exteriores, más un libre. Sin embargo, si en el duelo que abría la serie su aportación sirvió para decantarlo, en esta ocasión fue útil para mandar a los suyos con buenas sensaciones al descanso (44-40, m.20).

Y esa confianza lograron mantenerla en la vuelta al parqué, cuando dieron los primeros síntomas de que el enfrentamiento iba a quebrarse a su favor. Jabari Parker, con un triple, abrió el fuego, pero la respuesta fue un 8-0 obra de los 'brates', Mario Hezonja y Dzanan Musa.

Se mantuvo afinado este último, inmisericorde en la línea de tiros libres, mientras Vesely era el único que sostenía a un Barça que languidecía hasta que un 0-7 acercó de nuevo a los de Roger Grimau. No perdió la compostura el Real Madrid, que acabó yéndose 11 arriba a la media hora porque Llull así lo decidió con una de sus 'mandarinas' kilométricas sobre la bocina (73-62, m.30).

En esos márgenes se movió el amanecer del cuarto decisivo hasta que dos aciertos lejanos de Rudy Fernández, cuyo nombre fue coreado a pleno pulmón por los aficionados, y de Guerschon Yabusele, abrieron más la brecha. Álex Abrines y Nico Laprovittola respondieron acto seguido con la misma moneda y contrarrestaron el golpe (90-79, min.25).

Aún así, nada se alteró. Unos y otros continuaron intercambiando puntos y el paso de los minutos terminó por llevar al Real Madrid hacia una victoria tranquilizadora, que le permite irse con los deberes hechos del WiZink Center para intentar sellar el pase a la final en alguna de las dos siguientes batallas en Barcelona.

Nadie en el Real Madrid se acuerda ya de la durísima derrota en la final de la Euroliga. Lo confirmó el conjunto blanco al asestar al Barça (104-98) el segundo golpe en las semifinales de la Liga Endesa, otra vez con un Llull decisivo, para llegar al Palau a una victoria de la final.

El equilibrio sostenido durante toda la primera parte comenzó a barruntarse desde el arranque. Empezó mejor el cuadro visitante pero enseguida le cazó el de casa, que con un 9-0 de parcial logró cinco puntos de renta, la mayor durante los 20 minutos iniciales.

Le duró poco porque Jan Vesely aportó mucho tras salir desde el banquillo. El checo sacó a relucir sus virtudes dentro de un contexto que le beneficiaba, pues el conjunto azulgrana decidió que sus opciones pasaban por las canastas en las inmediaciones del aro y por el poco uso del juego exterior.

Tanto fue así que renunciaron a tirar triples en el segundo acto después de anotar solo uno de dos en el de salida. Mientras, en los de blanco estaba todavía por ver a quién le iba a tocar brillar individualmente en esta ocasión. Y ese rol lo asumió Sergio Llull, que ya había dejado destellos en el anterior partido durante un tramo del último cuarto en el que hizo cuatro triples sin fallo.

Esta vez entró en trance en el segundo acto, cuando insistió en castigar al contrario hasta acumular 13 puntos, con 3 de 5 en tiros de dos y 2 de 4 en lanzamientos exteriores, más un libre. Sin embargo, si en el duelo que abría la serie su aportación sirvió para decantarlo, en esta ocasión fue útil para mandar a los suyos con buenas sensaciones al descanso (44-40, m.20).

Y esa confianza lograron mantenerla en la vuelta al parqué, cuando dieron los primeros síntomas de que el enfrentamiento iba a quebrarse a su favor. Jabari Parker, con un triple, abrió el fuego, pero la respuesta fue un 8-0 obra de los ‘brates’, Mario Hezonja y Dzanan Musa.

Se mantuvo afinado este último, inmisericorde en la línea de tiros libres, mientras Vesely era el único que sostenía a un Barça que languidecía hasta que un 0-7 acercó de nuevo a los de Roger Grimau. No perdió la compostura el Real Madrid, que acabó yéndose 11 arriba a la media hora porque Llull así lo decidió con una de sus ‘mandarinas’ kilométricas sobre la bocina (73-62, m.30).

En esos márgenes se movió el amanecer del cuarto decisivo hasta que dos aciertos lejanos de Rudy Fernández, cuyo nombre fue coreado a pleno pulmón por los aficionados, y de Guerschon Yabusele, abrieron más la brecha. Álex Abrines y Nico Laprovittola respondieron acto seguido con la misma moneda y contrarrestaron el golpe (90-79, min.25).

Aún así, nada se alteró. Unos y otros continuaron intercambiando puntos y el paso de los minutos terminó por llevar al Real Madrid hacia una victoria tranquilizadora, que le permite irse con los deberes hechos del WiZink Center para intentar sellar el pase a la final en alguna de las dos siguientes batallas en Barcelona.