La Decimoquinta ya es del Real Madrid: agiganta su leyenda en la Champions League tras ganar al Borussia Dortmund

¿Lo de siempre? Sí, lo de siempre. O casi siempre, vamos. Campeón de Europa, el Real Madrid. Quince veces ya, nada menos, en una tiranía que parece no tener fin. Y de nuevo siendo fiel a su estilo, estando contra las cuerdas en una primera parte en la que el Borussia Dortmund fue muy superior, pero reaccionando en la segunda para llevarse la victoria gracias a los goles de Dani Carvajal y Vinícius (2-0).

La final tuvo su percance a los 30 segundos, cuando varios espontáneos saltaron al campo y pararon el partido durante casi dos minutos ante el estupor de la afición de Wembley y del mundo, que no daban crédito a lo que se estaba tardando en reducir a los cuatro hombres.

Reanudado el choque, el Dortmund no tardó en demostrar que de comparsa, nada. Comenzó con más energía el partido y pronto dejó claro que iba a vender cara su piel y que era más que factible que ganara la final.

Con el Madrid teniendo el balón de una manera estéril, los alemanes esperaban su oportunidad, hasta que la primera llegó en una internada de Julian Brandt por la izquierda en la que Nacho dudó, pero el disparo del centrocampista no encontró la portería.

Desde ese momento, el conjunto de Edin Terzic desató un auténtico huracán. Un pase milimétrico de Hummels dejó solo a Adeyemi, pero ante el delantero alemán se plantó la gigante figura de Courtois, que envío al atacante a un lateral hasta que llegó Carvajal en carrera para tapar un disparo que estaba destinado a ser gol.

Y poco después, una más clara aún, aunque parezca imposible, cuando Füllkrug recibió dentro del área un pase entre líneas y su disparo dio en el palo, paseándose por la línea de gol. El destino no estaba del lado alemán, para sorpresa de pocos.

El Madrid parecía noqueado, como sin saber qué estaba pasando, y dominaba sin ser capaz de crear absolutamente nada de peligro. Vinícius estaba demasiado solo, Rodrygo y Bellingham desaparecidos y Kroos, Valverde y Camavinga no sabían como superar el muro amarillo.

Las ocasiones del Dortmund seguían llegando en cascada, haciendo que Courtois se tuviera que emplear a fondo. Un disparo de Adeyemi lo despejó como pudo el meta, que después tuvo que desviar un disparo envenenado de Sabitzer. Por fortuna para el Real Madrid, el belga está ya en su mejor nivel tras su lesión.

Había sobrevivido el Madrid, y eso era lo importante, pues sonaba casi a milagro que no hubiera habido goles en la primera parte por el bando alemán. El Madrid no había tirado ni una sola vez entre los tres palos y dos chuts altos y desviados de Vinícius y Valverde eran el escaso bagaje blanco.

La esperada reacción tras el descanso llegó, pero de manera muy progresiva. El Madrid fue creciendo poco a poco alrededor del balón con un soberbio Camavinga y el partido se inclinó hacia el otro lado casi de manera imperceptible. Un remate de Carvajal de cabeza que tras un córner que se perdió por poco -un calco de lo que vendría después- y un chut del lateral que detuvo Kobel fueron las primeras señales de vida de los blancos.

El Dortmund, eso sí, tuvo la suya en un pase milimétrico de Adeyemi que Füllkrug cabeceó con potencia para encontrarse, una vez más, con Courtouis. Y a partir de ahí, desaparecieron los alemanes para dar paso al recital madridista.

La tuvo Bellingham en un remate al que no llegó por unos centímetros a pase de Vinícius y después llegó el golpe casi definitivo. Córner de Kroos idéntico al de minutos antes y testarazo de Carvajal, pero esta vez al fondo de la red para delirio madridista en Wembley.

Quedaban casi 20 minutos de final, pero la sensación era la de que el partido estaba ya sentenciado. Bellingham tuvo una clarísima tras una gran jugada de Camavinga, pero el inglés estuvo lento al rematar, y después fue el propio centrocampista francés el que remató a la escuadra para que Kobel se luciera.

El golpe de gracia llegó poco después y en las botas de Vinicius, el que más lo había intentado en todo el partido. Se plantó solo ante el meta suizo para dejar claro que los tiempos en los que sus fallos eran un meme son parte del pasado: ahora es el más firme candidato al Balón de Oro.

Lo intentó el Dortmund en los minutos finales, pero más por inercia que otra cosa. El campeón de Europa era el Real Madrid, de nuevo.

La Decimoquinta ya es del Real Madrid: agiganta su leyenda en la Champions League tras ganar al Borussia Dortmund

¿Lo de siempre? Sí, lo de siempre. O casi siempre, vamos. Campeón de Europa, el Real Madrid. Quince veces ya, nada menos, en una tiranía que parece no tener fin. Y de nuevo siendo fiel a su estilo, estando contra las cuerdas en una primera parte en la que el Borussia Dortmund fue muy superior, pero reaccionando en la segunda para llevarse la victoria gracias a los goles de Dani Carvajal y Vinícius (2-0).

La final tuvo su percance a los 30 segundos, cuando varios espontáneos saltaron al campo y pararon el partido durante casi dos minutos ante el estupor de la afición de Wembley y del mundo, que no daban crédito a lo que se estaba tardando en reducir a los cuatro hombres.

Reanudado el choque, el Dortmund no tardó en demostrar que de comparsa, nada. Comenzó con más energía el partido y pronto dejó claro que iba a vender cara su piel y que era más que factible que ganara la final.

Con el Madrid teniendo el balón de una manera estéril, los alemanes esperaban su oportunidad, hasta que la primera llegó en una internada de Julian Brandt por la izquierda en la que Nacho dudó, pero el disparo del centrocampista no encontró la portería.

Desde ese momento, el conjunto de Edin Terzic desató un auténtico huracán. Un pase milimétrico de Hummels dejó solo a Adeyemi, pero ante el delantero alemán se plantó la gigante figura de Courtois, que envío al atacante a un lateral hasta que llegó Carvajal en carrera para tapar un disparo que estaba destinado a ser gol.

Y poco después, una más clara aún, aunque parezca imposible, cuando Füllkrug recibió dentro del área un pase entre líneas y su disparo dio en el palo, paseándose por la línea de gol. El destino no estaba del lado alemán, para sorpresa de pocos.

El Madrid parecía noqueado, como sin saber qué estaba pasando, y dominaba sin ser capaz de crear absolutamente nada de peligro. Vinícius estaba demasiado solo, Rodrygo y Bellingham desaparecidos y Kroos, Valverde y Camavinga no sabían como superar el muro amarillo.

Las ocasiones del Dortmund seguían llegando en cascada, haciendo que Courtois se tuviera que emplear a fondo. Un disparo de Adeyemi lo despejó como pudo el meta, que después tuvo que desviar un disparo envenenado de Sabitzer. Por fortuna para el Real Madrid, el belga está ya en su mejor nivel tras su lesión.

Había sobrevivido el Madrid, y eso era lo importante, pues sonaba casi a milagro que no hubiera habido goles en la primera parte por el bando alemán. El Madrid no había tirado ni una sola vez entre los tres palos y dos chuts altos y desviados de Vinícius y Valverde eran el escaso bagaje blanco.

La esperada reacción tras el descanso llegó, pero de manera muy progresiva. El Madrid fue creciendo poco a poco alrededor del balón con un soberbio Camavinga y el partido se inclinó hacia el otro lado casi de manera imperceptible. Un remate de Carvajal de cabeza que tras un córner que se perdió por poco -un calco de lo que vendría después- y un chut del lateral que detuvo Kobel fueron las primeras señales de vida de los blancos.

El Dortmund, eso sí, tuvo la suya en un pase milimétrico de Adeyemi que Füllkrug cabeceó con potencia para encontrarse, una vez más, con Courtouis. Y a partir de ahí, desaparecieron los alemanes para dar paso al recital madridista.

La tuvo Bellingham en un remate al que no llegó por unos centímetros a pase de Vinícius y después llegó el golpe casi definitivo. Córner de Kroos idéntico al de minutos antes y testarazo de Carvajal, pero esta vez al fondo de la red para delirio madridista en Wembley.

Quedaban casi 20 minutos de final, pero la sensación era la de que el partido estaba ya sentenciado. Bellingham tuvo una clarísima tras una gran jugada de Camavinga, pero el inglés estuvo lento al rematar, y después fue el propio centrocampista francés el que remató a la escuadra para que Kobel se luciera.

El golpe de gracia llegó poco después y en las botas de Vinicius, el que más lo había intentado en todo el partido. Se plantó solo ante el meta suizo para dejar claro que los tiempos en los que sus fallos eran un meme son parte del pasado: ahora es el más firme candidato al Balón de Oro.

Lo intentó el Dortmund en los minutos finales, pero más por inercia que otra cosa. El campeón de Europa era el Real Madrid, de nuevo.

¿Lo de siempre? Sí, lo de siempre. O casi siempre, vamos. Campeón de Europa, el Real Madrid. Quince veces ya, nada menos, en una tiranía que parece no tener fin. Y de nuevo siendo fiel a su estilo, estando contra las cuerdas en una primera parte en la que el Borussia Dortmund fue muy superior, pero reaccionando en la segunda para llevarse la victoria gracias a los goles de Dani Carvajal y Vinícius (2-0).

La final tuvo su percance a los 30 segundos, cuando varios espontáneos saltaron al campo y pararon el partido durante casi dos minutos ante el estupor de la afición de Wembley y del mundo, que no daban crédito a lo que se estaba tardando en reducir a los cuatro hombres.

Reanudado el choque, el Dortmund no tardó en demostrar que de comparsa, nada. Comenzó con más energía el partido y pronto dejó claro que iba a vender cara su piel y que era más que factible que ganara la final.

Con el Madrid teniendo el balón de una manera estéril, los alemanes esperaban su oportunidad, hasta que la primera llegó en una internada de Julian Brandt por la izquierda en la que Nacho dudó, pero el disparo del centrocampista no encontró la portería.

Desde ese momento, el conjunto de Edin Terzic desató un auténtico huracán. Un pase milimétrico de Hummels dejó solo a Adeyemi, pero ante el delantero alemán se plantó la gigante figura de Courtois, que envío al atacante a un lateral hasta que llegó Carvajal en carrera para tapar un disparo que estaba destinado a ser gol.

Y poco después, una más clara aún, aunque parezca imposible, cuando Füllkrug recibió dentro del área un pase entre líneas y su disparo dio en el palo, paseándose por la línea de gol. El destino no estaba del lado alemán, para sorpresa de pocos.

El Madrid parecía noqueado, como sin saber qué estaba pasando, y dominaba sin ser capaz de crear absolutamente nada de peligro. Vinícius estaba demasiado solo, Rodrygo y Bellingham desaparecidos y Kroos, Valverde y Camavinga no sabían como superar el muro amarillo.

Las ocasiones del Dortmund seguían llegando en cascada, haciendo que Courtois se tuviera que emplear a fondo. Un disparo de Adeyemi lo despejó como pudo el meta, que después tuvo que desviar un disparo envenenado de Sabitzer. Por fortuna para el Real Madrid, el belga está ya en su mejor nivel tras su lesión.

Había sobrevivido el Madrid, y eso era lo importante, pues sonaba casi a milagro que no hubiera habido goles en la primera parte por el bando alemán. El Madrid no había tirado ni una sola vez entre los tres palos y dos chuts altos y desviados de Vinícius y Valverde eran el escaso bagaje blanco.

La esperada reacción tras el descanso llegó, pero de manera muy progresiva. El Madrid fue creciendo poco a poco alrededor del balón con un soberbio Camavinga y el partido se inclinó hacia el otro lado casi de manera imperceptible. Un remate de Carvajal de cabeza que tras un córner que se perdió por poco -un calco de lo que vendría después- y un chut del lateral que detuvo Kobel fueron las primeras señales de vida de los blancos.

El Dortmund, eso sí, tuvo la suya en un pase milimétrico de Adeyemi que Füllkrug cabeceó con potencia para encontrarse, una vez más, con Courtouis. Y a partir de ahí, desaparecieron los alemanes para dar paso al recital madridista.

La tuvo Bellingham en un remate al que no llegó por unos centímetros a pase de Vinícius y después llegó el golpe casi definitivo. Córner de Kroos idéntico al de minutos antes y testarazo de Carvajal, pero esta vez al fondo de la red para delirio madridista en Wembley.

Quedaban casi 20 minutos de final, pero la sensación era la de que el partido estaba ya sentenciado. Bellingham tuvo una clarísima tras una gran jugada de Camavinga, pero el inglés estuvo lento al rematar, y después fue el propio centrocampista francés el que remató a la escuadra para que Kobel se luciera.

El golpe de gracia llegó poco después y en las botas de Vinicius, el que más lo había intentado en todo el partido. Se plantó solo ante el meta suizo para dejar claro que los tiempos en los que sus fallos eran un meme son parte del pasado: ahora es el más firme candidato al Balón de Oro.

Lo intentó el Dortmund en los minutos finales, pero más por inercia que otra cosa. El campeón de Europa era el Real Madrid, de nuevo.